El evento, un show cooking de Gourmeat con degustación de carnes Vacum, propuso un recorrido sensorial por la maduración, el aroma y la identidad de la vaca. Todo ello en un formato cercano y dinámico, con las carnes cocinadas en directo, permitiendo a los asistentes descubrir no solo el sabor, sino también la técnica, el respeto por el producto y el cuidado en cada elaboración.
La experiencia comenzó con un servicio de panes artesanales —pan feo, crujiente de carasatu y coca d’oli— acompañados de mantequilla de vaca ahumada, tomate y alioli casero. Un inicio sencillo en apariencia, pero cargado de intención, que ya anticipaba el hilo conductor de la velada: poner en valor cada elemento.
A continuación, se sirvió una degustación de dúo de cecinas: cecina de vaca y cecina de wagyu. Dos maduraciones, dos intensidades, pero una misma idea de fondo: la elegancia que solo el tiempo puede aportar a la carne.
El brioche hojaldrado de picanha madurada fue uno de los bocados más celebrados de la noche. Relleno de picanha de larga maduración, queso parmesano y trufa, ofrecía una combinación profunda y envolvente, donde la grasa se integraba con delicadeza y el aroma de la trufa elevaba el conjunto.
El viaje continuó con una gyoza de chuletón, cocinada en su propia demi-glace y acompañada de brote de lechuga viva. Un guiño a otras cocinas que, lejos de desvirtuar el producto, lo reinterpretaba con equilibrio, manteniendo intacta su esencia.
Uno de los momentos más intensos llegó con el arroz de tuétano XXL, un plato que destacaba por su untuosidad y por la forma en la que abrazaba los sabores más primarios de la vaca. Contundente, sabroso y profundamente reconfortante.
El tramo final del menú rindió homenaje a la vaca cazurra con una degustación de dos chuletas con diferentes maduraciones, culminando con un chuletón asado a la parrilla, acompañado de patatas y pimientos de padrón. Aquí, el protagonismo fue absoluto para la carne, mostrando cómo el paso del tiempo transforma textura, aroma y sabor.
Como cierre, un flan cremoso de huevo con toffee madurado puso el broche dulce a la velada. Un final suave que equilibraba la intensidad del recorrido anterior con un toque de dulzor y calidez.
Más allá del menú, lo que hizo especial esta cita fue el ambiente. La cocina en directo, la cercanía con los chefs y la posibilidad de entender cada paso del proceso convirtieron la cena en una experiencia completa. Una noche donde gastronomía y conocimiento se dieron la mano, y donde cada detalle sumó para crear algo verdaderamente memorable.





















